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domingo, 11 de abril de 2010

Una consecuencia inesperada de los trasplantes de corazón

Por Wang Yuanfu y Stephanie Lam – La Gran Época

¿Pueden las células guardar recuerdos y preferencias?

Cuenta la leyenda que hace unos 2.500 años, durante el Período de Reinos Combatientes en China, dos hombres fueron a ver un gran doctor de nombre Bian Que. El médico curó sus enfermedades rápidamente pero descubrió en ellos otro problema que se había estado agravando con el tiempo. Bian les dijo que ambos podrían aliviarse si intercambiaban sus corazones. Ellos aceptaron que Bian realizara la cirugía.

Bian les dio a los hombres una bebida con anestésicos y quedaron inconcientes por tres días, durante los cuales Bian les abrió el pecho, les intercambió los corazones y les suministró medicina. Cuando recobraron el conocimiento, ya se habían recuperado y estaban tan bien como antes de la operación.

Pero algo no salió bien. Cuando regresaron a casa, ambos estaban desconcertados porque sus esposas no podían reconocerlos. Resultó que habían vuelto a la casa de la otra persona y pensaban que la esposa de esa persona era la suya.

Parece inconcebible que esa clase de cirugía pudiera haber sido realizada hace 2.500 años, pero esta historia es increíblemente similar a la situación observada en algunos casos de trasplantes de corazón contemporáneos.

El diario de Gran Bretaña Mail informó que Sonny Graham de Georgia se enamoró de la esposa de su donante y se casó con ella después de un trasplante de corazón. Doce años más tarde, Sonny se suicidó de la misma forma que lo hizo su donante.

En otro informe del mismo diario, un hombre llamado William Sheridan recibió el corazón de un artista que murió en un accidente automovilístico, y de pronto era capaz de realizar hermosos dibujos de fauna y paisajes.

Claire Sylvia, trasplantada de un corazón y un pulmón en 1998, escribió en su libro “Un Cambio de Corazón: Una Memoria” cómo después del trasplante de corazón empezó a gustarle la cerveza, el pollo frito, y el pimentón verde, que antes no disfrutaba, pero que sí lo hacía su donante, un joven de 18 años.

En un sueño, ella soñó que besaba a un joven quien ella cree se llamaba Tim L. y lo inhaló durante el beso. Más tarde descubrió que el nombre de su donante era justamente Tim L. Se preguntó si sería porque uno de los médicos mencionó el nombre durante la cirugía, pero le dijeron que los médicos no conocían el nombre del donante.

Un artículo publicado en la revista Estudios Cercanos a la Muerte, los doctores Paul Pearsall de la Universidad de Hawai, Gary Schwartz y Linda Russek, de la Universidad de Arizona, examinaron 10 casos de trasplantes de corazón o corazón-pulmón en los cuales los pacientes informaban de “cambios en las preferencias de la comida, la música, el arte, preferencias sexuales, recreacionales, e incluso de profesión, así como casos específicos de percepciones de nombres y experiencias sensoriales relacionadas con sus donantes”.

En uno de los casos descritos, el donante era un afroamericano. El paciente trasplantado pensó que su nuevo gusto por la música clásica no se debía al trasplante, porque imaginó que al donante le gustaría la música rap. Sin embargo, se comprobó más tarde, que el donante era un violinista y amaba la música clásica.

Este caso sugiere que los cambios en las preferencias de los trasplantados se producen sin que éstos puedan predecirlo. Estos casos no podrían ser explicados por el efecto placebo, en el cual las condiciones de salud de los pacientes cambia en la dirección de sus espectativas.

Además, los investigadores señalaron que al igual que los trasplantados mencionados, puede haber otros que descartan la idea de haber adoptado las preferencias de sus donantes debido a las preconcepciones sobre sus donantes. En ese caso, el número de trasplantados que ha experimentado un cambio de personalidad similar a la de su donante puede haber sido subestimado.

Pearsall, Schwartz, y Russek concluyen que es poco probable que estos casos hayan ocurrido por mera coincidencia y plantean la hipótesis que se deba a una memoria celular. Es decir, que los recuerdos y preferencias puedan ser guardados en las células.

Sin embargo se desconoce actualmente si esta clase de memoria existe.

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