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miércoles, 8 de julio de 2009

¿Usaban zapatos los hombres de las cavernas?

Un toque de martillo sobre la roca indicada, abrió el registro petrificado en mitades casi perfectas. Hundido allí, en el borde del talón de un zapato en toda apariencia contemporáneo, el crustáceo fosilizado aún cuenta una historia a todas luces inquietante.

“Se supone que uno de los primeros antepasados de nuestra especie recién hubo evolucionado en el período Terciario tardío”, escribe el estadounidense Brad Steiger, investigador y autor de más de 160 libros sobre hechos inexplicables. “Y tiene, por consiguiente, sólo aproximadamente un millón de años de antigüedad”.

“Pero pisadas semejantes a las humanas se han encontrado fosilizadas en rocas que abarcan desde el período Carbonífero al período Cámbrico”, remata el creador de ‘Worlds before our own’, “ofreciendo de este modo, un mudo pero dramático testimonio de que algunas criaturas bípedas andaban caminando hace alrededor de 250 a 500 de millones de años”.

Los primeros indicios fueron tomados con cierto grado de escepticismo; una huella de zapato sobre una roca de 300 millones de años de antigüedad por poco no significaba el completo desmoronamiento de todas las teorías antropológicas existentes.

Según lo conocido, la humanidad había nacido, como máximo, unos tres millones de años en el pasado. Ahora, el pequeño fósil de trilobite (una especie prehistórica) embutido en la huella de un zapato moderno, amenazaba con cambiarlo todo.

Antelope Spring, en los Estados Unidos, fue el escenario de tan amenazante hallazgo. William J. Meister, investigador profesional de restos fósiles, lo descubrió en junio de 1968, cuando un toque de martillo sobre la roca indicada, abrió el registro petrificado en mitades casi perfectas. Hundido allí, en el borde del talón de un zapato en toda apariencia contemporáneo, el crustáceo fosilizado aún cuenta una historia a todas luces inquietante: los humanos podrían haber existido y logrado un desarrollo tecnológico magnífico muchos millones de años antes de lo que pensaban la ciencia.

Sin embargo, la huella de Antelope Spring no sería el único hallazgo que haría reflexionar a los estudiosos sobre la realidad en la época de los grandes reptiles. Revelando una “doble costura delicadamente trabajada en las junturas”, según palabras del propio Steiger, muchos investigadores piensan que una marca sobre caliza hallada en Pershing County, Nevada, no es más que otro indicio de la existencia de zapatos modernos en la noche de los tiempos.

Según la data de la roca que contiene la pisada en Pershing County, el transeúnte prehistórico debía haber estampado su flamante calzado en el barro, no menos de 200 millones de años en el pasado.

Estrecho de Bering ¿es falsa la teoría del cruce?

Unos 14.000 años a. C., hombres y mujeres emigraban por la ruta congelada de Beringia, en busca de nuevos destinos. Eran los hombres del Asia, los futuros americanos.

Aunque los historiadores actuales disienten enormemente sobre la fecha precisa de migración hacia América, ninguno sitúa el suceso más allá de los 50.000 años a. C., teniendo en cuenta parámetros como el yacimiento de Monte Verde, en Chile, y rutas alternas al puente de hielo.

No obstante, el hallazgo de una huella humana en las cercanías del lago Titicaca, Bolivia, producido por un grupo de investigadores locales en mayo del 2008, no encuentra todavía lugar dentro del confuso puzzle construido por los estudiosos sobre la llegada del hombre al continente.

Desafiando los más osados esquemas de migración prehistórica, e incluso a la propia teoría evolutiva de la especies, el pie desnudo descubierto en La Paz por los investigadores Jorge Miranda y Freddy Arce, data de la friolera de 5 a 15 millones de años de antigüedad, cuando supuestamente el humano erguido no existía, y un ser de apariencia simiesca conocido como australopithecus vagaba en el otro lado del mundo.

Según los investigadores, muchos de sus colegas europeos se vieron alarmados ante las implicaciones de justificar la pisada de un hombre de 70 Kg. de peso, 1,7 de altura y andar erguido, en medio de la América prehistórica 5 millones de años antes de lo previsto.

“Nos preguntaron si sabíamos el significado de lo que estábamos proponiendo” comentaba Jorge Miranda respecto a la sorpresa despertada por la pisada en los demás antropólogos de la comunidad internacional.

“La teoría de la evolución se encontraría ante una gran dificultad con la evidencia que ahora estamos mostrando” decía por su parte Freddy Arce, luego de divulgar el fenómeno que los medios titularon “la huella humana más antigua del mundo”.

Empero la repercusión mediática generada en su momento por los fósiles de Utah, Nevada, Bolivia y Texas (donde pisadas humanas y reptilianas parecen correr a la par), no existe en la actualidad hipótesis alguna seriamente considerada por la comunidad científica para explicar posibles asentamientos humanos previos a los escasos tres millones de años que se le atribuyen al hombre moderno.

Aunque las huellas de Antelope Spring y Bolivia son reconocidas a nivel internacional, frecuentemente resultan aisladas de todo marco histórico a la hora de hallar su lugar en las teorías convencionales; simplemente parecen no existir para los libros de texto.

El investigador Albert G. Ingalls, ya atribuía en enero de 1940 el rechazo a las huellas prehistóricas, en el artículo “El misterio del Carbonífero”, publicado por la prestigiosa Scientific American: “Si el hombre, o incluso su antepasado simio, o incluso ese primer antepasado mamífero de aquel antepasado simio, existió de cualquier forma que sea hace tanto tiempo como en el lejano Período Carbonífero, entonces toda la ciencia de la geología está tan absolutamente equivocada que todos los geólogos renunciarán a sus trabajos y empezarán a conducir camiones. Por lo tanto, por el momento, la ciencia rechaza la interesante explicación de que el hombre hizo con sus pies esas impresiones misteriosas en el fango del Período Carbonífero”.


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