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miércoles, 11 de marzo de 2009

¿Aterrorizados y derretidos?

Grupo ETC
Boletín de Prensa
11 de marzo de 2009
La sociedad civil dice “No” mientras los geoingenieros montan un escenario de shock para asaltar el planeta. Los gobiernos entusiasmados con la geoingieniería enfrentarán al Norte con el Sur, advierten críticos

OTTAWA, Canadá — Más de 80 organizaciones de la sociedad civil de 20 países enviaron un fuerte mensaje a científicos reunidos en Copenhague, con una declaración conjunta que fue redactada durante el Foro Social Mundial en Belém, Brasil: “El mundo mejor que buscamos no es con geoingeniería.” La declaración se publica al tiempo que un pequeño grupo de científicos de alto perfil se reúnen a discutir ciencias climáticas en Copenhague, con la idea de presionar a los gobiernos a que apoyen y financien experimentos de geoingeniería en el planeta.
El Grupo ETC, organización internacional de la sociedad civil con sede en Canadá, publica la declaración, que se enfoca en la fertilización oceánica, una de las más controvertidas tecnologías de geoingeniería.
Los grupos que la apoyan afirman que “la fertilización oceánica y otros esquemas de geoingeniería, injustos y de alto riesgo, son una respuesta equivocada al reto que presenta el cambio climático global.” “En el Foro Social Mundial”, explica Silvia Ribeiro del Grupo ETC en México, “todo mundo estaba preocupado por dos experimentos de fertilización oceánica que estaban a punto de violar la moratoria de facto del Convenio sobre Diversidad Biológica de la ONU.
Uno era el vertido de hierro en el Mar de Scotia, experimento de India y Alemania (denominado LOHAFEX) y el otro es una propuesta para arrojar urea en el Mar de Tasmania (encabezado por Ian S.F. Jones, quien participa en el Panel de Geoingeniería en Copenhague este miércoles por la mañana). La iniciativa LOHAFEX fue cuestionada por el Ministro Alemán del Ambiente pero siguió adelante. El barco RV Polarstern, desde donde se realizó el experimento, encallará en Punta Arena, Chile, el 17 de marzo. La declaración contra la geoingeniería estará recibiendo firmas hasta esa fecha.” “La reunión en Copenhague representa una gran oportunidad para que los geoingenieros se muevan de la periferia de la investigación científica hacia el centro del debate y por lo tanto presionan a los gobiernos para que financien sus experimentos,” añade Diana Bronson de la oficina en Montreal del Grupo ETC. “Los científicos tratan de sonar razonables —continúa Bronson— diciendo que los gobiernos de cualquier manera deben reducir sus emisiones de gases de invernadero y que la geoingeniería debe considerarse como ‘Plan B’.
Sin embargo, en Copenhague insistirán en que el clima se encuentra en un extremo y que los gobiernos serían negligentes si no exploran otras soluciones tecnológicas.” El Grupo ETC, quien encabezó la campaña para una moratoria sobre fertilización oceánica en el Convenio de Diversidad Biológica en mayo pasado, pugna porque la limitada moratoria sobre geoingeniería se expanda para incluir cualquier experimento en la estratosfera, en el océano, así como experimentos en gran escala con “biochar” (carbón vegetal).
Hasta hace un par de años, los científicos eran prácticamente unánimes en que tales experimentos son demasiado peligrosos para siquiera considerarlos. Ahora, ante el panorama de glaciares derretidos en Groenlandia y el Ártico, algunos argumentan que los gobiernos no pueden responder lo suficientemente rápido como para prevenir el desastre. “Estamos de acuerdo en que la crisis del clima ha alcanzado un momento extraordinariamente peligroso”, afirma María José Guazzelli del Centro Ecológico, uno de los grupos que firmaron la declaración en Belém, “pero hemos visto que los gobiernos carecen de la voluntad política para reducir las emisiones, detener la deforestación o promover los cambios necesarios en los modelos de producción y consumo que afectarían los intereses de las corporaciones. ¿Podemos esperar realmente que los gobiernos que por tres décadas no han tenido ni la perspectiva ni las agallas para enfrentar el calentamiento global, colaboren ahora en la reestructuración masiva del planeta?” “Los geoingenieros en la reunión de Copenhague quieren darnos terapia de choque”, asegura Diana Bronson. “Todo se está derritiendo, nadie hace nada, así que los científicos deben venir a rescatarnos, dicen. Podríamos responderles que acabamos de tener un experimento científico muy interesante: otros científicos presentaron evidencia a los gobiernos del mundo para ver si eran capaces de mantener sus promesas de Kyoto de reducir los gases de invernadero. El experimento demostró que muchos gobiernos reniegan de sus acuerdos internacionales, nunca cumplen sus metas nacionales y abusan de la información científica para engañar a sus ciudadanos. Ahora, esos geoingenieros proponen otro experimento: ver si los mismos gobiernos pueden manejar de manera segura el clima de nuestro planeta. Ya sabemos la respuesta.”
Según Pat Mooney, director ejecutivo del Grupo ETC, el aspecto más aterrorizante de la geoingeniería es que —a diferencia de los acuerdos globales para reducir las emisiones, que requieren de cooperación internacional, los geoingenieros pueden actuar solos. “El sucio secreto de las propuestas de geoingeniería es que un solo superpoder, un puñado de mañosos o incluso una pequeña coalición de interesados, puede reorganizar el planeta sin la aprobación de nadie. La geoingeniería significa que los países del Norte —que ocasionaron el calentamiento global— serán quienes puedan protegerse a sí mismos, con su dedo en el termostato. Los países del Sur —que ya sufren los peores efectos del calentamiento global— no tendrán control sobre el termostato y tendrán que defenderse por sí mismos.
La geoigeniería como “solución rápida” es una ilusión, insiste el grupo ETC. Las propuestas de geoigeniería más importantes que se discuten ahora desviarán el tiempo y el dinero de las soluciones reales, que serían más efectivas y menos peligrosas. No hay un atajo para la reducción de emisiones, la protección de nuestros bosques y tierras y para hacer cambios necesarios en nuestros estilos de vida. Hay una urgente necesidad de conservar y utilizar —de una forma social, económica y ambientalmente sustentable— la diversidad biológica del mundo, de modo que podamos adaptarnos a las cambiantes condiciones climáticas. En vez de enfocar nuestra atención en especulaciones científicas, los gobiernos deben promover una diversidad de estrategias diseñadas para los ecosistemas y culturas locales. “Ya tenemos una crisis de pobreza e injusticia”, concluye Silvia Ribeiro, “Hay que resolver esto, en lugar de apoyar acciones que exacerbarán el abismo entre los ricos y los marginados, causando más daño a la salud del planeta.”

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