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domingo, 12 de abril de 2009

La Luna: descomunal proyecto artificial

Por Leonardo Vintiñi
Nuestro satélite pareciera comportarse como una gran campana ante los temblores ¿Que hay en su interior?
Momentos después de que los astronautas de la misión Apolo XI colocaran el primer sismógrafo en la Luna el 20 de julio de 1969, la Dirección Nacional de Aeronáutica y el Espacio -NASA- registró los primeros movimientos sísmicos del satélite. Aunque eran de naturaleza leve, los científicos se preguntaban si dichos movimientos habían sido causados por la caída en la superficie del “Luna XV”, satélite soviético no tripulado que orbitaba la Luna al mismo tiempo que el Apolo llevaba a cabo su misión, y que terminó estrellándose en el casualmente llamado “Mar de la Crisis”. Pero más allá de la naturaleza del impacto, lo que desde un principio hasta el día de hoy ha llamado la atención a los equipos de investigación es la asombrosa durabilidad de estos fenómenos en el planetoide gris.
En la actualidad, muchos equipos de investigación están encausados en la tarea de interpretar las miles de horas de registro que tomaron los sismógrafos colocados durante el programa lunar Apolo. En esta serie de misiones (naves Apolo XI a XVI) se colocaron instrumentos de medición que transmitieron a la Tierra gran cantidad de datos, hasta su desconexión en 1977.
Según la investigación liderada por Yosio Nakamura, geofísico de la Universidad de Texas que actualmente estudia estos fenómenos, existe una especie de lunamotos (terremotos lunares) de pequeña magnitud que se originan a un promedio de 1000 kilómetros de la superficie lunar, lo cual es muy raro.
“Esa profundidad es superior a la de cualquier terremoto que vemos en la Tierra”, explica Catherine L. Johnson, geofísica del Instituto Scripps de Oceanografía. Aparte, estos pequeños sismos se dieron en el orden de varios por día, y la enorme mayoría en el lado visible de la Luna. Esta asimetría se agrega a una gran lista de las que posee nuestro satélite.
Clive R. Neal, catedrático de ingeniería civil y ciencias geológicas de la Universidad de Notre Dame, también investiga los datos del programa Apolo. Pudo comprobar la existencia de 28 fuertes sismos de poca profundidad (5,5 escala Ritcher), que curiosamente dejaban temblando a la Luna por más de 10 minutos. En la Tierra generalmente estas vibraciones no duran más de medio minuto. «La Luna resonaba como una campana», observó Neal. Innumerables investigaciones parecen indicar que nuestra Luna es un planetoide hueco, cuya estructura está formada al parecer por una sola pieza.
Estas curiosidades de nuestro satélite llevaron a elaborar hipótesis muy difíciles de asimilar para el bando conservador de los científicos.
Ya en la década de 1960, Mijail Vasin y Alexander Sherbakov, de la Academia Soviética de Ciencias habían expuesto la hipótesis de que nuestro satélite fue en realidad construido indudablemente de manera artificial. Pese a lo risible que pareció esta idea en años pasados, numerosos informes de la NASA parecen confirmar los postulados de una luna artificial. Y no es para menos, ya que el satélite selenita posee las más raras características que se puedan encontrar en un cuerpo celeste: presenta varias asimetrías en sus caras(visible y oscura); los cráteres en la superficie no superan los 5 Km. de profundidad, por más que tengan un centenar de kilómetros de radio; su baja densidad y resonancia en temblores sólo dan lugar a que sea un planetoide hueco; su cuerpo es increíblemente combado (más de lo que la física pueda explicar); posee concentraciones de masa en puntos aislados debajo de la superficie; siendo un cuerpo frío tiene descomunales manchas (mares) de un material que hasta ahora los científicos suponen como lava; su órbita es casi perfectamente circular; su origen, hasta el momento es una teoría difícil de elaborar.
Todavía en la actualidad, claro, el origen incierto de la Luna genera polémica. De las tres o cuatro teorías más populares del siglo pasado, hoy los científicos aceptan una como la más probable: el origen por “colisión lenta”. Ésta intenta explicar cómo podría formarse un satélite a partir de fragmentos expulsados por un planeta de menor tamaño que la Tierra que colisiona con ésta.
Para comprobar el comportamiento dinámico de esta colisión, los laboratorios usan súper-ordenadores capaces de recrear gráficos con millones de variables posibles. Según los cálculos, la Luna sólo podría haberse formado si un cuerpo de un tamaño específico impactara la Tierra en un ángulo muy particular, liberando al espacio materiales capaces de agruparse en vez de caer nuevamente a la Tierra. Para esto se requeriría que el objeto impactante no se pulverizara produciendo ondas de choque, y que impactara a una velocidad de unos 15 km/seg., entre otras variables.
Pero aun habiéndonos ingeniado para recrear este complicado inicio, existirían todavía una gran variedad de secretos que no podemos explicar de la gran bola plateada.
Un ejemplo de esto es la nube de partículas de polvo cargadas magnéticamente que constantemente se desplaza con la luz del día, justo en la línea del suelo que separa el día y la noche lunar. Esta débil “tormenta magnética” que permaneció como un fenómeno olvidado sin confirmar durante el programa Apolo, fue estudiada a principios de este año. Incluso esto puede haber creado la mayoría de los fenómenos que se identifican como “fenómenos lunares transitorios” o LTP por sus siglas en inglés (lunar transient phenomena).
Por siglos, han existido informes de extrañas luces brillantes en la Luna, que muchos astrónomos arriesgaron como evidencia de vida inteligente. Incluso existen pruebas fotográficas de la NASA que se identifican como LTP. Timothy Stubbs, de la División de Exploración del Sistema Solar del Centro Goddard para Vuelos Espaciales, dice en referencia al tema, que el efecto de la pared de polvo no está definido: podría ser diáfana, invisible e inofensiva; o bien podría representar un problema real, inmovilizando los trajes espaciales, cubriendo superficies y causando recalentamiento en los equipos. “Aún tenemos mucho que aprender acerca de la Luna”, dice Stubbs.

Conclusión

Aceptar que esa gran esfera inerte que gira alrededor de nuestro mundo no es un satélite natural, sino construido por mentes pensantes, resolvería la gran mayoría de las anomalías físicas que se nos presentan, ya que el origen y numerosos aspectos del estado presente de este cuerpo no pueden justificarse con las leyes físicas conocidas.Pero siendo así, surgirían dos intrigas aún más grandes: ¿Quién construyo la Luna y con qué propósito? No son pocos los que hacen intervenir manos extraterrestres en un posible origen. Pero aún más gente postula a una civilización prehistórica como la autora del planetoide.
Este génesis selenita es impracticable para muchos de los discípulos de la evolución humana lineal. Pero la comunidad científica de a poco se abre a las incontables pruebas de civilizaciones antiguas que prosperaron tecnológicamente y dieron fruto a fenómenos hoy inconcebibles, como ser los reactores prehistóricos nucleares de Gabón, la barra de hierro sin impurezas de la India (difícilmente obtenible con métodos actuales) o el reloj de Anticitera.
Pero, ¿con que propósito podrían haber construido la Luna seres inteligentes? La respuesta general es con uno, pero tal vez sean muchos: iluminar el firmamento nocturno. La proposición de que el hombre pudiera alcanzar la tecnología para construir un coloso luminoso de tales magnitudes es simplemente irrisoria para los escépticos. Pero si nos detenemos a repasar los logros y proyectos humanos actuales, quizás esta idea empiece a parecernos no tan descabellada. Después de todo, como Carl Sagan esbozó una vez, con una simple huella en la Luna y Marte, el hombre ya ha comenzado a modificar el aspecto de otros mundos. Más todavía desde que se comenzó a proyectar a la Luna como un posible proveedor de energía. Este proyecto a largo plazo tiene por objetivo sembrar en nuestro satélite inmensos paneles solares, y transmitir esa energía a la Tierra a través de microondas.
Otro dato para tener en cuenta a la hora de medir la influencia humana en el espacio, es que sin nuestro satélite, la vida en la Tierra sería simplemente imposible. La Luna sirve como un “ancla gravitacional” que no permite que nuestro planeta gire alocadamente, con días de 6 horas, inviernos insoportables o veranos infernales. Es por eso que, sabiendo que la Luna se está alejando algunos milímetros por año de la Tierra, algunos científicos incluso han comenzado a bosquejar ideas para mantener la estabilidad terrestre. Alexander Eivian, de la Universidad de Iowa, Estados Unidos, sugirió secuestrar una de las lunas de Júpiter (Europa) y colocarla en nuestra órbita -la luna propuesta, es lo suficientemente grande para realizar el trabajo a la perfección-. Este poder (el de manipular cuerpos de nuestro sistema solar) es un claro ejemplo de la influencia que puede ejercer el hombre en el espacio en escasos años. Siendo así, nos queda el replanteo de cuán imposible es que una civilización como la nuestra, nacida hace unos cuantos miles de años, pudiera poseer la capacidad para encender, en lo alto del firmamento, una “gran lámpara cósmica”.

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