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sábado, 28 de marzo de 2009

Foro Mundial del Agua: Una feria comercial para las mayores empresas del mundo

El Quinto Foro Mundial del Agua celebrado en Estambul congregó a unas veinte mil personas, y por él pasaron representantes y expertos de más de un centenar de países que debatieron durante una semana diferentes aspectos de la crisis que plantea la falta de acceso de millones de personas en todo el mundo al líquido vital para la subsistencia.

Como suele ocurrir en estos grandes foros internacionales, terminó con un fabuloso dispendio en viajes, organización, agasajos, comidas y difusión, pero con un magro resultado en lo que realmente importaba, que es avanzar en una solución justa, razonable y sostenible para los casi dos mil millones de personas que en distintas partes del planeta carecen o tienen enormes dificultades para conseguir un mínimo de agua potable.

En medio de una crisis profunda del sistema capitalista y la certeza de que las políticas globalizadoras han provocado un aumento en la brecha entre pobres y ricos, el futuro del agua era una posibilidad de comenzar a corregir ese rumbo de catástrofe que lleva la humanidad.

Sólo el 2,5% del agua del planeta es dulce, y de ella, menos de la mitad está en condiciones de ser utilizada por los seres humanos para cubrir sus necesidades elementales.

Las Naciones Unidas estiman que más de un millón doscientas mil personas, en especial en América Latina, Asia y Africa padecen en diversos grados de la escasez de agua.

Según el Fondo de Población del organismo internacional, si no se toman medidas urgentes, dentro de 25 años, una de cada tres personas en la tierra tendrá poca agua o no conseguirá siquiera acceder al mínimo necesario para sobrevivir.

Veinte países firmaron una declaración en disidencia para reafirmar el principio de que el acceso a agua potable y el saneamiento constituye un “derecho humano básico”, más que una “necesidad humana” como afirma el texto oficial que impulsaron Estados Unidos, Brasil y Egipto, entre otros países.

Entre los gobiernos que suscribieron esta declaración en disidencia, están Bolivia, Cuba, Ecuador, Chile, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Venezuela y España y se esperaba que en las próximas horas se sumaran otros, incluso del área europea.

En los debates, los técnicos y expertos de diferentes países discutieron sobre los derechos de acceso, control y racionalización de los cursos de agua y sobre la intervención de tecnología moderna.

Otro punto de controversia fue el de la construcción de presas. Todos son conscientes de que el agua es un bien cada vez más escaso, y además requerido en forma creciente por industrias y por las poblaciones y estructuras de las grandes ciudades. La contraparte está en las regiones que geográficamente disponen de las mayores extensiones territoriales y las poblaciones más numerosas, pero que se definen técnicamente como zonas “empobrecidas”.

En muchos lugares del planeta, los pobladores necesitan recorrer decenas de kilómetros para conseguir unos pocos litros de agua dulce, muchas veces sin los mínimos requisitos para ser considerada potable. Esta terrible escasez es la que provoca desertificación y afecta la producción de alimentos. Incide también en la salud de los pobladores por el aumento de las enfermedades infecciosas. También contribuye a la progresiva destrucción de los ecosistemas con lo cual facilita que los fenómenos meteorológicos dejen una mayor secuela de víctimas y daños.

El agua, objetivo de los rapiñeros.
El siglo XXI ha sido definido por algunos expertos como el de la “guerra por el agua”.
Lo cierto es que hace décadas que en diversas zonas del planeta se agudiza la disputa sobre el control de cursos de agua, por reservas del subsuelo, o directamente por el dominio territorial que asegure el uso y disfrute de esas fuentes de recursos.

En nuestro continente todos tenemos presente el conflicto generado hace unos años en Cochabamba, Bolivia, cuando la población se alzó contra la privatización del agua potable, una rebelión finalmente victoriosa, pero a costa de varios muertos y heridos.

Más recientemente, el presidente Evo Morales dispuso finalizar el contrato con “Aguas de Illimani”, el nombre bajo el cual actuaba una filial de una multinacional francesa, denunciando la falta de cobertura y miles de denuncias por abuso contra la compañía que tenía el suministro del líquido vital a las poblaciones de La Paz y El Alto. En aquel entonces, el dirigente boliviano afirmó rotundamente que el agua era un bien y un derecho de la gente, y que no podía considerarse propiedad de nadie. Exhortó entonces a la comunidad internacional a defender y a ejercer la democratización del agua.

La invasión y ocupación de Irak por Estados Unidos y Gran Bretaña en el 2003, tuvo un claro objetivo geoestratégico bajo el falso argumento de las “armas de destrucción masiva” de Hussein. Además del petróleo, el control territorial también apuntaba a los dos ríos más importantes de Medio Oriente.

Otra evidencia de la doctrina “el agua es para quien se apropia de ella”, la constituye el proceso desarrollado por el estado de Israel, en una conjunción de militarismo y tecnología en perjuicio del pueblo palestino. Allí la ocupación gradual de territorio, y la política de asentamientos, ha estado siempre ligada a las disponibilidades de los acuíferos de la región. El perjuicio para los palestinos es más que evidente.

El Informe del Desarrollo Humano 2006 del PNUD (organismo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones) indica que “la distribución desigual se refleja en discrepancias muy marcadas en la utilización del agua entre israelíes y palestinos. La población israelí no alcanza a ser dos veces más grande que la palestina, pero su uso total de agua es siete y media veces más alto. En Cisjordania, los colonos israelíes utilizan mucha más agua por persona que los palestinos y más que los israelíes en Israel : consumen casi nueve veces más agua por persona que los palestinos. Desde cualquier punto de vista, las disparidades son amplias.”

Y volviendo nuevamente a nuestro continente americano, recordar que el gigantesco Acuífero Guaraní que abarca amplias zonas del subsuelo de Argentina, Brasil y Paraguay, es objeto de la codicia de los Estados Unidos, cuyo mando estratégico en la región ya intentó incursiones en el área bajo el argumento de que la región conocida como “la triple frontera” esconde actividades de organizaciones terroristas islámicas.

Estamos hablando de una de las mayores reservas de agua subterránea del planeta, calculada hoy en 55 mil kilómetros cúbicos. (Cada kilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua). La recarga natural del acuífero sería de 160 o 250 kilómetros cúbicos cada año, de tal forma que con la explotación de 40 kilómetros cúbicos anuales podría abastecerse a 360 millones de personas, que recibirían una dotación de 300 litros a diario. (Interesados consultar en www.serpal.info el envío 259-04 , “Disputa por el oro azul” que contiene amplia información sobre el tema ).

Es necesario un foro democrático y transparente.
La declaración final del Foro celebrado en Estambul hace genéricas consideraciones que han sido criticadas por quedar solamente en enunciados vacíos de compromisos reales. El Encuentro es convocado por el Consejo Mundial del Agua, una organización con sede en Francia cuya financiación procede principalmente de la industria del agua.

Maude Barlow, alto asesor del presidente de la Asamblea General de la ONU, cree que estas reuniones son improductivas y afirmó: “Pedimos que la asignación de agua se decida en un foro abierto, transparente y democrático más que en una feria comercial para las mayores empresas del mundo”.

La declaración firmada en disidencia por países latinoamericanos y africanos, consta de dos puntos. En el primero reconocen el agua como “un derecho humano”, y en el segundo piden que el Foro Mundial del Agua deje de ser organizado por una entidad para ser convocado y dirigido por la ONU.

Este criterio fue también defendido por los representantes de unos 70 países que pidieron el fin del Foro tal como es organizado actualmente. Miguel D’ Escotto, nicaragüense que preside la Asamblea General de las Naciones Unidas afirmó críticamente:“la orientación del foro está profundamente influida por compañías privadas del agua”.

El brasileño Óscar Olivera dijo que “la humanidad debe recuperar esa visión originaria de que el agua no tiene propietario, que es un bien común de la humanidad, como el aire o, incluso, la Amazonía”.

En Sudamérica
Mientras esto sucedía en Estambul, en la llamada Cuenca del Plata se suscribía el Programa Marco, un proyecto que involucra a cinco países de la región: Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Con un crédito del Fondo Mundial para el Medio Ambiente, aspira desarrollar estudios y acciones para proteger los recursos hídricos comunes, que constituyen el quinto sistema del mundo por su importancia. Se intentará también a través de un monitoreo conjunto, controlar el impacto de la desertificación, de los agroquímicos, la explotación de los acuíferos, sequías e inundaciones.

Claro está que sus resultados no dependerán únicamente del dinero o de la técnica. Será necesaria fundamentalmente la voluntad política de los gobiernos implicados en revisar y cambiar en profundidad criterios y normas que aseguren la posibilidad de alcanzar esos objetivos. Detrás del “dejar hacer” ha estado la presión constante de poderosos grupos del agro-negocio y de la explotación de recursos naturales. Esa voluntad política -salvo puntuales excepciones- ha estado ausente en las últimas décadas. La degradación medio-ambiental y el descontrol han prevalecido favorecidos por la inacción oficial, como ha ocurrido en otras partes del continente.

Será imprescindible que continúe su avance la organización social, los movimientos populares que hasta ahora han sido los más conscientes en defender esos derechos colectivos y rechazar la pretensión de explotaciones industriales amparadas por grandes inversiones económicas, pero con escaso respeto por el territorio y sus habitantes.

Un ejemplo de ello es la lucha constante de las poblaciones afectadas por los proyectos mineros en Esquel o en Catamarca, en Argentina, o el reclamo de chilenos y argentinos contra el Proyecto Pascua Lama de la transnacional Barrick Gold, una amenaza gigantesca contra las reservas y utilización de las aguas de los glaciares comunes entre ambos países.

Actualmente poblamos el planeta unos 6.500 millones de personas. Las previsiones de los expertos indican que sobrepasemos los 9.000 millones en el 2050. A ese ritmo, según estimaciones de las Naciones Unidas la demanda de agua aumentaría a 64.000 millones de metros cúbicos al año.

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